Viajando en moto por: DESIERTOS

Sáhara Occidental
Desierto del Sáhara
Desierto del Sáhara

Con este empiezo una serie de posts monotemáticos donde te hablaré de los desiertos, pero antes me gustaría que te aislaras del mundo y prestaras atención al silencio que te rodea. Este es su sonido, su idioma y su manera de comunicarse contigo.

Cualquier viajero que esté dispuesto a adentrarse en sus llanuras ha de estar dispuesto a aceptar sus reglas, y es que los desiertos no se andan con chiquitas. Sus parajes albergan un clima extremo de calor sofocante, rectas eternas y noches frías y oscuras.

Atravesarlos es sentir el silencio de las pisadas de antiguos comerciantes que, en busca del lejano oriente, dejaron allí olvidado el polvo que levantaron al pasar

Lo mejor de viajar por el desierto es su lado más duro.

La principal característica del desierto es el sol. Con su luz y calor alimenta la arena y las ventiscas y hace sufrir al motorista hasta convertirlo en un penitente que reza bajo su casco por llegar lo antes posible a su destino.

Pero el desierto tiene más argumentos con los que incomodar a cualquier viajero. Enfrentarse en moto a una tormenta de arena te pondrá a prueba tanto física como psicológicamente. Agarrado fuertemente al manillar mientras inclinas la moto para compensar la ventisca, no verás en momento en el que, ese aire que escupe arena, cese. Los kilómetros parecerán horas mientras reniegas bajo tu casco deseando entender como llegaste hasta allí con lo bien que estarías en tu casa.

Chott El Jerid (TÚNEZ)

Tras varios desiertos, he aprendido a protegerme bien del aire que quema la cara y de la arena golpea a moto y piloto igual medida.

Por el contrario, en los días de calma extrema, circularás con la mirada perdida en un horizonte que no se mueve y rodeado por un silencio sólo roto por alguna ráfaga de aire y por tus propios pensamientos, que se verán atrapados por la misma cúpula azul de cada día. Esa cúpula azul te ofrecerá el espectáculo de los amaneceres y atardeceres que dejarán su impronta en tu retina para que la lleves y la recuerdes para siempre.

Creo que es en esos amaneceres y atardeceres es donde reside el encanto de los desiertos. Un encanto que deriva en un magnetismo que te atrapa y que te hace desear volver desde el mismo instante en el que lo abandonas.

El temperamento de un pueblo.

Llanuras inhóspitas. Distancias inalcanzables. Horizontes infinitos. Calor extremo. Soledad y silencio. Vivir en estas condiciones ha forjado el carácter de las gentes que lo habitan todo el año. Un carácter cercano y amable hecho de las tradiciones que pueden parecer extrañas a ojos del visitante temporal pero que forman parte de su día a día.

Su predisposición a ayudarte te sorprenderá hasta que aprendes que sobrevivir a la dureza del clima desértico depende de la colaboración entre las personas.

Aunque los desiertos están poblados no te confíes en encontrar demasiada gente. Ante algún problema puedes estar un par de horas tirado en mitad de la nada antes de que aparezca alguien que pueda ayudarte. Así pues, como consejo te diré que siempre lleves agua y gasolina de sobras.

No se trata sólo de que puedas necesitarlo tú, también se trata de ayudar a otro en un momento dado.

Recuerda la regla del desierto: ayudar para sobrevivir.

Desierto del Karakoum (UZBEKISTÁN)

Los oasis son lugares donde el desierto decide que el hombre puede vivir y donde la humedad da una tregua de un calor asfixiante y eterno y donde por fin puedes respirar sin abrasarte los pulmones.

Descubrirás ciudades, pueblos y asentamientos de callejuelas estrechas y serpenteantes, que con sus trazados tratan de dar algo de sombra y evitar que la arena y el ardiente aire entren. Tarea casi imposible durante las horas centrales del día. Estos pueblos y ciudades están construidos por el hombre, pero diseñados por el desierto, y en ellos encontrarás palacios camuflados de adobe donde las riquezas interiores quedan disimuladas por la sobriedad de su apariencia exterior.

Su entorno humano es su alma.

Al igual que sus ciudades, el desierto viste de sobriedad, pero oculto de su clima, extremo y demoledor, alberga más vida de la que parece.

Si, he dicho vida. El desierto es un ecosistema completo y complejo. Si viajas por ellos en moto, tendrás la posibilidad, más que probable, de cruzarte con rebaños de camellos aparentemente salvajes, pero que saben a donde ir cuando cae la noche, para sentirse seguros en los cercados de sus dueños.

Si decides acampar, encontrarás otro tipo de animales, más pequeños y quizás más peligrosos que los miedosos camellos.

Lagartos, escorpiones, arañas, moscas y mosquitos buscarán la manera de alimentarse a tu alrededor mientras tú montas la tienda de campaña y tratas de descansar.

Por sus carreteras no encontrarás demasiado tráfico, así que no dejes de pasar la ocasión de pararte donde te apetezca y disfrutar de la vista.

Cualquier paisaje en un desierto es hermoso a cualquier hora del día.

Aquí te dejo un vídeo donde verás el post en imágenes.
Viajando en moto por: DESIERTOS

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