Crónica Rusia 2016

Crónica Rusia en moto 2016

Antecedentes

Me han robado la moto. Así empieza mi aventura a Rusia y es que 10 días antes de salir hacia Kazajistán, con todos los visados tramitados y el gusanillo del estomago pidiendo guerra, me han robado la moto.

No me paro a mirar atrás y tras los primeros e inevitables trámites, localizo por Internet una moto que me sirve y que no da al traste con el presupuesto del viaje. Trato de equiparla con lo necesario, pero un error del taller, con los soportes de las maletas, hace que todo se retrase y no pueda salir hacia el lejano destino de Asia central.

No pienso quedarme sin mi ansiada ruta por un inconveniente de este tipo, pero para cuando tengo la moto lista ya he consumido 10 preciados días de un viaje de 60.

Toca cambiar el plan.

Kazajistán 2016 se convierte en RUSIA 2016

Día 1 Ripollet (España) – Neuenstein (Alemania) 1.297 km

SAN PETERSBURGO

Anulada en mi cabeza la ruta a Oriente medio, retomo una de las ruta olvidadas en mi cajón de sastre y actualizo los datos para llegar hasta Rusia. Mi objetivo es visitar las ciudades de San Petersburgo y Moscú.

Salgo de Ripollet (Barcelona) para ir a dormir a Alemania. 1.300 kilómetros de autopista aburrida y con la mente aún enclavada en los sucesos de los últimos días. A medida que atravieso Francia el día se va apagando y para cuando llego a Neuenstein (Alemania) está a punto de llover. Es mientras recojo el equipaje de la moto para entrar en la habitación que empieza a caer una lluvia suave pero constante. Aún no lo sé, pero será la tónica habitual durante los próximos días.

Día 2 Neuenstein – Niemcza (Polonia) 746 km

Me levanto con el día gris y mientras desayuno, voy mirando por la ventana para ver que no me espera una travesía demasiado alegre.

Cargo la moto y salgo en ruta hacia la República Checa. Quiero visitar el osario de Sedlec que, aunque es algo macabro, es curioso de ver. Se trata de una capilla donde depositaron una pequeña cantidad de tierra traída de Tierra Santa y donde todo el mundo deseaba ser enterrado. Con el tiempo se acumularon más de 40.000 esqueletos y un arquitecto lumbreras acabó creando lámparas, decorando columnas y paredes y realizando escudos heráldicos con las calaveras y los huesos. Toda una excentricidad bastante siniestra.

Tras la visita, salgo de Sedlec con la intención de llegar a Niemcza (Polonia). Ya es medio día y el clima no mejora. A veces llueve, a veces diluvia. Voy consumiendo los kilómetros y acercándome a la frontera polaca mientras el día se va oscureciendo. Llego al hotel que tenia reservado a las 22.00h. cansado de la lluvia y los kilómetros. Pongo la ropa tendida donde puedo y, tras cenar, me tumbo a descansar,

Día 3 Niemcza (Polonia) – Jezewo Stare (Polonia) 562 km

Mi plan inicial es visitar San Petersburgo y Moscú, pero los planes están para cambiarlos y cuando viajas has de estar dispuesto a dejarte llevar por la ruta.

La salida de Niemza viene acompañada de un día esplendido, con una temperatura algo escasa, pero con el suficiente sol como para dejarse sentir a través de mi traje de cordura.

Con la capital zarina en mi objetivo me voy desplazando hacia el norte y para cuando me doy cuenta, estoy atravesando unos paisajes verdes, salpicados de casitas de campo entre bosques de abetos. La luz, el color y la temperatura incrustan en mi mente la idea de aminorar la marcha y empezar a disfrutar de la ruta a otro nivel. Tiradas cortas y viaje lento. Justo lo que siempre me ha gustado.

Para hacer eso necesito detenerme en algún lugar con WI-FI que me permita saber donde estoy, que tengo a mi alrededor y trazar la ruta hasta San Petersburgo. Moscú quedará para otra ocasión. Así es como llego a primera hora de la tarde, a un hotel de autopista, a escasos 200 km de Lituania, para invertir las horas que quedan del día en trazar el nuevo plan de ruta.

Antes de irme a dormir, ya tengo mi cuaderno lleno de esquemas, kilómetros y visitas que puedo realizar a partir de ese momento. Con el plan B en marcha me acuesto con una sonrisa en mi boca.

Día 4 Jezewo Stare (Polonia) – Vilnius (Lituania) 312 km

CASTILLO DE TRAKAI

Descansado, con las fuerzas recobradas y una nueva ilusión en mente, salgo del hotel dirección a Vilnius, capital de Lituania. Mi primera decisión es abandonar la autopista y seguir viajando por las estupendas carreteras que estos países disponen.

El espacio Schengen, es un lujo. Voy cambiando de país sin preocuparme del pasaporte, ni de los visados, ni del seguro de la moto, ni del cambio de moneda.

La nueva ruta me lleva por escenarios dignos de cualquier decorado de los Teletubbies. Suaves colinas de hierba alta y con una carretera igual de suave y bien asfaltada. El sol y las nubes se van intercalando aunque la temperatura no acaba de recuperarse y la humedad persiste.

Cerca de Vilnius, encuentro el castillo de Trakai. Una reconstrucción (a mi gusto exagerada) de un castillo medieval, situado en una isla en mitad de un lago. La reconstrucción permite el uso de muchas de sus estancias, ahora transformadas en galerías de museo donde encuentro armas, tapices y reproducciones de lo que antaño fue el castillo.

Tras la visita salgo hacia el Hostel que tengo reservado en Vilnius. El primero en el que pasaré dos noches para descansar.

El casco antiguo de Vilnius estaba rodeado de una muralla que ya no existe, pero que está trazada en piedra por todo el pavimento marcando, no solo la muralla sino también sus torreones. Lo único que queda de ese tiempo es la torre del reloj que, imponente e impasible, domina la plaza de la catedral.

Me paso la tarde andando por el casco antiguo y tomando las medidas a esta pequeña capital de este pequeño país. El atardecer me sorprende con un montón de globos aerostáticos en el cielo que le acaban de conferir un último toque romántico a una ciudad ya de por si tranquila.

Día 5 Vilnius (Lituania) 0 km

FRONTERA DE LETONIA

Hay otra curiosidad que visitar en Vilnius, si o si. No hablo de su castillo en lo alto de la colina ni de su monumento de las tres cruces, desde donde tendrás unas vistas excelentes de la ciudad. La curiosidad que te recomiendo es Uzupio un barrio denominado “República de Uzupio” por sus habitantes, quienes lo consideran una república independiente. Lo cierto es que dispone de ejercito, moneda e incluso una constitución propia con puntos tan curiosos como “Un perro tiene derecho a ser un perro ” o ” Todos tienen derecho a celebrar o a no celebrar su cumpleaños“. Aquí tienes los 41 puntos de su constitución y déjate sorprender por este barrio declarado patrimonio de la humanidad.

Día 6 Vilnius (Lituania) – Riga (Letonia) 344 km

COLINA DE LAS CRUCES

Tras descansar un día en Vilnius, continuo ruta hacia Riga, quizás la más moderna de las capitales de las ex-repúblicas soviéticas.

La ruta es suave, sencilla y placentera. A estas alturas, cuando ya he decido abandonar las autopistas hasta que sea inevitable, ruteo por pueblos y pueblecitos que me llevan hasta la “colina de las cruces” cerca de Šiauliai, donde descubro una colina orientada a la fe cristiana donde se acumulan miles y miles de cruces traídas por los feligreses. Una curiosidad que vale la pena el desvío.

Llego a Riga y descubro una capital relajante e ideal para pasear. Las tres capitales (Vilnius, Riga y Tallin) son muy parecidas en este aspecto e invitan a descansar y dejarse llevar por los restaurantes a pie de calle para probar su gastronómica. En verano su vida nocturna es mucho más animada que en otros países del norte de Europa y las calles permanecen llenas de familias paseando hasta mucho después de irse el sol.

Día 7 Riga (Letonia) – Tallin (Estonia) 312 km

FRONTERA DE ESTONIA

La distancia entre estas capitales es relativamente corta y las carreteras muy bien asfaltadas. Llevo unos días sin pisar autopista y no la echo de menos, los pueblos por los que paso son preciosos y apenas hay tráfico.

Cerca de Svētciems, me detengo en un mirador a observar un rato el Báltico en todo su esplendor. Su mar embravecida, los golpes del aire y la temperatura ambiente me recuerdan que estoy a muy alta latitud

Algo más de tres horas separa cada una de estas capitales y eso me permite tomarme con tranquilidad la ruta de cada día y pasar las tardes deambulando por las calles y callejuelas de cada una de ellas que es una de las partes que una de las partes que más me gustan de viajar.

Tallin, es quizás la mas famosa tras el festival de Eurovisión de 2002 y eso ha hecho que el turismo sea más intenso en ella. El mirador de su parte más alta es un cumulo de turistas atraídos por esta pequeña ciudad y en sus calles también se respira el verano tan escaso en estas repúblicas. Su proximidad a Helsinki hace que sea un puerto tradicional para llegar a Finlandia si atravesar Rusia y eso hace que siempre tenga más actividad que las otras 2 capitales.

Para cenar pido una sopa muy típica de allí y aprovecho el Wi-Fi del restaurante para charlar con los de casa. Tras traerme el pato y dar las gracias al camarero, sigo con la conversación dándole tiempo a la sopa a enfriarse un poco. De golpe, el camarero se me acerca y en tono de pocos amigos me dice que no deje enfriar la comida. Me quedo a cuadros. Dejo el móvil y me pongo a comer el plato que tengo ante mi mientras miro de reojo como el camarero no me quita ojo.

Después de cenar y con el estomago calentito, me retiro a dormir pues la temperatura ha bajado de golpe y hace demasiado frío como para ir de visita.

Día 8 Tallin (Estonia) – San Petersburgo (Rusia) 370 km

FRONTERA DE RUSIA

Amanece a 6º centígrados y está lloviendo. La ruta hasta San Petersburgo promete ser durilla. Para más INRI, tratar de entrar a Rusia por Narva no es nada fácil, pues hay que pedir cita y allí sin saberlo. Charlo un rato con el policía de la barrera, quien me dice que busque la oficina de turismo y que allí me informarán. Bajo la lluvia y el frío, voy preguntando a los Estonios que me encuentro por la oficina hasta que, un par de horas después, la encuentro. En la oficina hay una mujer que, con su escaso inglés, me pone delante de un ordenador, teclea una URL y accedo a una web del ministerio ruso donde consigo cita para cruzar la frontera ese mismo día. Pago las tasas y con el tiquet en el bolsillo, salgo de la calentita oficina al gélido verano nórdico, donde vuelvo a mojarme y a congelarme en apenas unos minutos.

Son las 17.00h y tengo tiempo más que suficiente para comer algo antes de enfrentarme a los trámites fronterizos, así que me paro en el MCDonald’s que hay frente a la oficina me zampo una hamburguesa y tomo prestado un poco de calor.

Llego a la garita de la frontera con los dedos de las manos y los pies totalmente insensibles. Me cuesta sacar el pasaporte y los papeles de la moto del estuche en el que los llevo. La policía de aduanas que me ayuda con los papeles, me tranquiliza y me hace entender que no hay prisa y que trate de entrar en calor antes de seguir con los trámites.

Mientras voy haciendo, a mi ritmo, conozco unos motoristas rusos que veranean en España y que hablan un poco de castellano y me ayudan con un par de dudas del seguro y el visado. Con todo resuelto vuelvo a la moto, al frío y a la lluvia mientras pienso en los más de 150km que me quedan hasta San Petersburgo.

Por suerte, poco a poco deja de llover, pero la temperatura no mejora. Para cuando llego a San Petersburgo ya no llueve, pero sigo con el chubasquero puesto para evitar seguir congelándome a medida que se va el sol.

Llego de noche a una de las más grandes ciudades de Rusia. A pesar de todo, no me pierdo demasiado y consigo llegar al hotel a sobre las 22.00h. Hago los trámites del cheking y me tomo una ducha de agua bien caliente para recuperarme del día.

Día 9 San Petersburgo (Rusia) 0 km

SAN PETERSBURGO

Ya estoy en Rusia! Ahora a descubrir el país tras el telón de acero. El día amanece espléndido y el sol hace que la temperatura se recupere.

Salgo a visitar el Kremlin de la ciudad, el Hermitage y la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada entre otros sitios. Me paso el día deambulando por la ciudad, estirando las piernas y recuperándome física y psiquicamente. Sus amplias calles, sus impresionantes avenidas y sus casas y monumentos volcados hacia el impresionante río Neva, hacen que pasear por la historia de esta ciudad sea toda una experiencia.

El día me pasa rápido, casi sin darme cuenta estoy cenando y haciendo las últimas fotos a la noche petersburguesa que da más relevancia a la monumentalidad de sus edificios.

Día 10 San Petersburgo (Rusia) – Kārsava (Letonia) 420 km

FRONTERA DE LITUANIA

Con el objetivo de visitar San Petersburgo realizado, emprendo el regreso por carretera dirigiéndome de nuevo hacia el sur. A pesar de perderme un par de veces, encaro bien la ruta hacia la frontera Letona, dejándome llevar por los espectaculares e interminables bosques de abetos, pero sobretodo vigilando las temeridades de los conductores rusos que circulan como si se enfrentaran los unos a los otros independientemente del vehículo que lleven.

Así atravieso el tramo de 400 km hasta la caseta de entrada al puesto fronterizo de Grebnova. En esta caseta, un policía me indica que espere en una cola. Lo hace señalando con 4 dedos de la mano (no con un dedo), lo que yo interpreto como que he de ir en aquella dirección. Esa diferencia en el lenguaje de los signos, hace que salga de la cola de camiones en busca de otro acceso a la frontera y termine en una pista mojada y llena de charco donde me caigo. Doy media vuelta como puedo y con el cabreo del momento regreso a la caseta para pegarle la bronca a un policía ruso por sus malas indicaciones. Hoy, tras analizarlo con el filtro del tiempo, veo que tan solo fue un problema de comunicación entre ambos y ahora se que en Rusia los lugares donde esperar los señalan con los 4 dedos de la mano.

Tras la frontera, el paisaje regresa poco a poco a las colinas verdes mientras el clima va variando entre la lluvia y los claros y apenas unos kilómetros después encuentro un motel donde descansar y pasar la noche. Aparco en la parte trasera de la casa y tras una charla con los dueños me muestran mi habitación y me voy a descansar

Día 11 Kārsava (Letonia) – Łódź (Polonia) 890 km

Vuelvo a la ruta con la intención de llegar lo más cerca de Alemania posible pues el día y la temperatura parece que me acompañaran… al menos hoy.

Por la cabeza me cruza la idea de abandonar de una vez los países más al norte de París ya que la fama de sus lluvias, bajas temperaturas y altos precios les preceden y los viajes en moto ya son suficientemente sufridos como para añadirle esos componentes. Es cierto que me voy a perder los parajes con bosques espectaculares, glaciares y las noches de dormir en hotel por culpa del frío, pero he decidido que el próximo año haré Turquía.

Pasados los kilómetros de rigor, parando para poner gasolina y poco más, voy acercándome a Lodz y empiezo a buscar un sitio donde alojarme. El desconocimiento de la zona hace que se me pasen un par de ellos, pero en una rotonda veo un cartel con una foto de un Motel que tiene buena pinta. Salgo y emprendo la búsqueda que no resulta ser demasiado complicada pero esa ser

Día 12 Łódź (Polonia) – Heilbronn (Alemania) 1045 km

Tras el café de turno, salgo de Polonia sabiendo que será un día largo pues antes de subir a la moto ya estoy empapado. Los paisajes verdes y los grandes bosques requieren de mucha agua y la naturaleza lo sabe. Los que hemos viajado en moto sabemos lo dura que es la conducción con frío y lluvia y lo aburrida que es la autopista.

Con ambos factores en mi contra voy tragándome los kilómetros parando sólo de gasolinera en gasolinera. Sin prisa pero sin pausa. Mi objetivo es llegar lo más cerca posible de Francia sabiendo que me sería imposible llegar al país galo.

Me cae la noche encima mientas trato de encontrar un hoteles de autopista donde pasar la noche pero los que voy encontrando están llenos. No sé que debe pasar en esta región para que no haya una habitación libre. Cansado y agotado, encuentro un hotel unos 200 km más allá de lo que tenia previsto, en Heilbronn, cerca de Stutgart, pero bueno mañana descansaré en casa.

Día 13 Heilbronn (Alemania) – Ripollet (España) 1045 km

Cuando amanece el último día de ruta aparece la sensación contrapuesta. Las ganas de volver a ver a los seres queridos se juntan con las ganas de no acabar nunca el viaje. Son 1.000 kilómetros los que me separan de casa y los paso encerrado en la autopista, alimentándome en las gasolineras y atravesando la inmensa Francia para llegar a España con la puesta de sol.

FIN.


GALERÍA DE IMÁGENES (Instagram: @agusticarmona)

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