A estas alturas, llevo 5 días de ruta desde Barcelona y me encuentro en las puertas de entrar en Senegal. Si no has leído la crónica previa, aquí te la dejo.

  • Día 6 · Nuackchot – St Louis (297 km)
Puerto de St. Louis
Puerto de St. Louis

Para llegar a St Louis hay que salir de Mauritania y entrar en Senegal. Esta frontera dispone de 2 pasos

  1. ROSSO: Probablemente la frontera más corrupta de África o almenos esa es la fama que le otorgan
  2. DIAMA: Se dice que es un paso tranquilo, pero para llegar a él hay que arriesgarse por una pista de 25 km que no siempre está en buenas condiciones.

Tal como amanece el día decido ir por Diama y si me quedo atascado, siempre puedo dar media vuelta y probar por Rosso.

Salgo del hotel y tardo más de 1 hora en salir de Nouakchott. Un tráfico infernal y un policía con poca gracia me hacen acabar en el mercado del puerto rodeado de pescaderos con enormes peces al hombro, coches destartalados y oxidados que transportan a la vez los peces y las personas. Todo ello rodeado y amenizado por un ejército insano de moscas.

Tiro de mi instinto para salir de aquí tan rápido como puedo y ya en una calle principal, pregunto a un tendero de ropa como llegar a Senegal. “tot droit”… oído cocina, Senegal está al final de la calle.

La carretera al sur está en perfecto estado (para ser Mauritania) y los 150 km que me separan del cruce para elegir si Rosso o Diama pasan entre dunas, sol y poco tráfico.

Es justo en el cruce de: Derecha Diama – Izquierda Rosso, donde me adelanta un Peugeot 205 de color rojo y me hace señales para que me detenga.

Una vez parados, el conductor se baja y me dice que la policía le ha llamado para decirle que un motorista español va hacia Diama, que como ellos no hablan mi idioma le han pedido que no me dejara ir por esa ruta pues hay unos motoristas alemanes encallados por el barro y la lluvia de la noche anterior.

Me va pidiendo por activa y por pasiva que no vaya por Diama. Al minuto de estar hablando ya se me han disparado todas las alarmas. Hay detalles en la historia, gestos y miradas que no me convencen.

Por ejemplo: 10 km atrás, había pasado por un control de policía y aunque es cierto que ellos no hablan español (ni yo francés), siempre intento intercambiar 4 palabras con ellos y recuerdo perfectamente preguntarle por la pista de Diama y me dijo que estaba bien

Sabiendo eso, no me inmuto mantengo la calma ante el sujeto y le digo que si hay 4 moteros encallados ya seremos 5, así que arranco la moto y me alejo mientras, en mi cabeza, va creciendo la duda de si este hombre tenia razón y si he hecho bien en no hacerle caso.

La pista en cuestión está a 40 km y a los 15 km encuentro una gasolinera donde, con la escusa de llenar el depósito, me paro y les pegunto. El chico, muy amable me dice que “bon route”. No es que no me fíe, pero voy 1 a 1 y siempre me gusta buscar el desempate.

Mientras me sirven, llegan dos 4×4 enormes que también se paran en la gasolinera y esta vez son ellos quienes me preguntan si voy por Diama y ya que sacan el tema les pregunto si la pista está bien. Nuevamente un “bon route” que rompe el empate. Lo bueno es que sabré que ellos vienen detrás mio durante la pista.

Sin pararme para nada, me planto en la pista de Diama… vamos a ver como son los próximos 30 km.

Mientras voy circulando por la pista, mis sensaciones van mejorando. Sobre todo al ver la cantidad de camiones que circulan por ella y que vienen en dirección contraria. Aunque, como pista, no está asfaltada, el firme es es fácil y confiable.

Llega un punto en el que el firme no es tan suave y es entonces cuando aparece una pista paralela en la que, de entrada, no me atrevo a utilizar por si acaba desviándose.

Me paro un momento para hacer unas fotos y me adelantan los 4×4 de la gasolinera que van por la pista nueva. Me saludan y decido seguir por donde van ellos.

Todo va bien. La pista es buena, el clima caluroso y húmedo pero soportable y la moto va perfecta.

De pronto veo a los todo-terrenos que vienen en dirección contraria. Me dicen que la pista inferior está cortada, así que donde podemos, subimos a la otra pista y, cada uno a su ritmo, seguimos hacia Senegal.

Van pasando los kilómetros entre pajarillos, jabalíes, vacas y ciénagas, pero ni rastro de los 4 moteros alemanes encallados.

Me pregunto sobre la intención de querer que me desviara hacia Rosso. Sólo se me ocurre algún tipo de estafa pero nunca lo sabré.

A 10 km de la frontera, un vigilante me para para cobrarme unos 10€ al cambio por pasar por lo que es un parque natural.

Pasado este peaje llego a la frontera donde nuevamente un busca-vidas me ofrece sus servicios por 10€. Me habían mencionado que Senegal tiene una frontera complicada y como además llevo material benéfico en las maletas, decido pagar y que la entrada sea lo más rápida y discreta posible.

Pagado el busca-vidas, el visado, el seguro, el pasavant y no sé si me dejo algo más, se levanta la barrera que me abre paso a Senegal.

Sólo he de recordar que el pasavant (permiso de circulación de Senegal) de la frontera, tan solo es válido durante 5 días y deberé ampliarlo en Dakar.

Los 35 km de la frontera a St. Louis son la entrada a un país totalmente distinto a Mauritania. Carreteras perfectas pero con mucha más basura en los márgenes. Parece que la acumulen a posta.

Así la entrada a St. Louis es para llorar. Lo que antaño fue la capital del África Occidental, hoy es un cúmulo de deshechos por todas partes y nos muestra una arquitectura colonial, que por falta de mantenimiento, está maltrecha y sucia. Quizás su encanto resida precisamente en sus calles mal asfaltadas, su olor continuo a basuras o en los niños que te piden dinero con carita de pena. Personalmente no repetiría esta ciudad

Encuentro un hotelito senegalés en pleno centro de la isla principal, con el encanto colonial y decadente que ofrece la ciudad entera, pero está limpio y es realmente económico.

Me paso la tarde recorriendo las calles de St. Louis, haciendo fotos a los cayucos amontonados y a los vestidos de colores llamativos de las mujeres.

  • Día 7 · St Louis – Dakar (319 km)
El lago rosa
El lago rosa

Hoy la ruta me llevará hasta Dakar pasando por el mítico Lago Rosa, final del rally más famoso del mundo, (el Paris-Dakar) que actualmente lo trasladaron a Sudamérica por problemas políticos.

Salgo de St Louis esquivando personas y coches para volver a unas carreteras solitarias den busca del lago.

Pongo por 1º vez el navegador del móvil que me va guiando por carreteras y cruces hasta llegar a 8 km de mi húmedo destino.

Allí, Google me dice que tome una pista que mis ojos ven con estupor y sorpresa. No puedo creerme que la manera de llegar al Lago Rosa sea por una pista llena de arena y baches en mitad de una solana. ¿Por dónde llegarán los turistas?. Por allí seguro que no.

Fueron 8 km de velocidad reducida, calor y esfuerzo dominando la moto pero al final si que había el lago. Pero al final si que había el famoso lago.

Al parecer entré desde el lado norte, donde las montañas de sal se acumulan para se cargadas en camiones que, al circular por la pista, la dejan como yo la encontré. Destrozada.

Me detengo a contemplarlo y a realizar un poco de postureo ganado a pulso por el esfuerzo y la sudoración.

El nombre de rosa le viene dado por la tonalidad de sus agua, aunque a simple vista y mirado por encima no lo parezca. A medida que voy dando la vuelta y lo voy comparando con el cielo, si que tiene tonalidades rosáceas. Pero dista mucho de las fotos que he visto por ahí.

Lo que en realidad ocurre es que he venido a visitarlo en época de lluvias y eso disuelve la concentración de sales y por lo tanto su color es menos intenso.

Después de contemplar a los esforzados trabajadores apilar sacos de sal y sudar lo que no está escrito, me hidrato y vuelvo a subirme a la moto para llegar a Dakar que está a apenas unos 40 km.

Llego al hotel temprano, después de sufrir el irremediable trafico Dakariano.

Los pitidos, los taxis, el humo de los camiones, los pobres en los semáforos y gente por todas partes cruzando sin ton ni son.

Cogí este hotel por las vistas al mar y me encuentro con un recinto más que sencillo… inacabado.

Aprovecho la luz que queda para atravesar Dakar y subir a su monumento al renacimiento africano. Una imponente estatua a la que se accede por una escalera de 18 pisos de altura y que ofrece muy buenas vistas de la ciudad.

  • Día 8 · Dakar (0 km)
Isla de Goreé
Isla de Goreé

La bullicios ciudad de Dakar ofrece algún que otro remanso de tranquilidad. Uno de ellos es la Isla de Goreé.

Se trata de la isla que en su momento concentró todo el trafico de esclavos que se dirigía a América. Ahora esta isla se ha convertido en un re cuerdo de esa época y contiene la casa de los esclavos y un museo de historia.

Por el resto, uno puede pasear por sus calles tranquilas, observar su arquitectura colonial y comprar tantos souveniers como crea necesarios a la ingente cantidad de vendedores que hay por sus calles.

A parte de eso, Goreé tiene una pequeña playa donde se agolpan los bañistas (sobretodo niños) para jugar un rato en el agua.

La excursión cuesta 500XOF, pero no tengo billetes más pequeños de 2000XOF y la cajera se niega a darme cambio. Consigo que el acompañante de un turista italiano me cambie y compro el billete de barco que tardará unos 20 minutos en llegar a la isla.

Despues de pasear por la isla, comer alli y hacer las fotos de rigor, sobre las17h. vuelvo al barco a echarme una siesta de20 miutos y de ahí al hotel a descansar.

  • Día 9 · Dakar (0 km)
Monumento al renacimiento africano
Monumento al renacimiento africano

Hoy es domingo y quería salir hacia el sur, pero me falta el passavant (permiso de circulación) que me caduca el martes, así que he de pasarme 24h. más en Dakar.

Trato de descansar tanto como puedo y solo salgo del hotel para hacer unas fotos.

El resto del día letargo esperando a que abran la oficina de adunas al día siguiente.

  • Día 10 · Dakar – Palmarín (160 km)
Típica construcción senegalí
Típica construcción senegalí

Es lunes y por fin puedo ir a arreglar el tema del passavant, así que nada más levantarme, cargo la moto y salgo hacia el centro de la capital en busca de la comisaria de aduanas.

Tras preguntar en diversos sitios, consigo dar con la portería correcta. Son las 8:40 y abren a las 9.00, así que busco una cafetería donde desayunar tranquilamente.

A las 9.10 ya estoy subiendo en el ascensor a la 4ª planta del edificio, donde encuentro a 4 personas que me dicen que pase a un despacho.

Llamo, entro y dentro, un “general” (por las medallas), se mira mi pasavant y dice: “touristique? wait few minuts” y me indica que salga así que vuelvo a la sala y me siento a esperar.

Poco a poco va llegando gente, entrando en el despacho y luego esperando en aquella sala de espera. Nos llegamos a acumular unas 30 personas.

Al cabo de 1 hora, sale un uniformado del mismo despacho y empieza a repartir documentos entre los presentes… menos a mi. Me quedo casi solo en la sala con cara de alucinado y un tanto cabreado, así que le echo morro y entro a hablar con el general. En su pobre inglés me pide mil disculpas y me dice que ha habido una confusión por expresarse mal. Se levanta de su escritorio, me acompaña a otra oficina y habla con un oficinista nuevo. Este rellena un documento en 2 min, se hacen una fotocopia y volvemos al despacho del general donde me pone un sello, me cobra 250XOF y me dice que tengo el pasavant para 15 dias más. Todo ok?-pregunto. Yes, ok… no problem?-insito… no problem – me dice.

En resumen, que en un trámite de 10 minutos había perdido 1,5 horas.

Sudado y acalorado, subo a la moto y busco la manera mas rápida de salir de Dakar. Me quedan 150 km y voy sabiendo que tardaré un montón, pues el tráfico de esta ciudad es estresante.

Salgo de Dakar por la autopista A1 hacia el sur, pagando los pertinentes peajes de 600, 200 y 2500 XOF y el trafico es bastante ligero hasta llegar a Mbor que, como cualquier ciudad turística, atravesarla es un suplicio donde pierdo mucho rato.

Me están esperando en Palmarín, a unos 50 km, pero decido comer algo para seguir después más relajado.

A las 17.00h ya estoy en mi destino con Gloria y Adama

Gloria fue una cooperante de la ONG bicis sin fronteras que vino a Senegal a ayudarles y alli coonoció a Adama. De eso ahce 4 años y aquiestan felices y tranquilos.

Me invitan a dormir en su casa y nos pasamos la tarde hablando de todo. Senegal, Europa, Catalunya, las ONG…

Entre todos los temas comentados, le hablo sobre la cantidad y cantidad de basura que hay por todas partes y su argumento no carece de cierta lógica.

La tradición de estos pueblos (y son muy tradicionales) es que todo viene de la tierra. La tierra da las plantas, los animales y todo lo que el ser humano necesita. Es tal su culto a la tierra que el simple hecho de echar agua caliente al suelo es motivo de reprimenda. No hay que hacer daño a la tierra. en una cultura así, comer algo y echar las sobras al suelo es como devolver a la tierra lo que ya no vas a consumir.

Esa tradición de miles de años y cientos de generaciones, se ha visto bruscamente alterada por la aparición del plástico.

Por mucho que se les explique que este material no es absorbido por la tierra, no lo comprenden.

A esa costumbre de tirar las sobras al suelo, se une la falta de infraestructuras de papeleras, camiones de recogida y plantas de reciclaje que un país pobre como Senegal no puede mantener.

Este panorama provoca que todo el país se vea como un gran estercolero, pero si piensas un poco, esto viene a ser por tratar de imponer el estilo de vida europeo.

Vamos charlando y se cierra la noche mientras me dan a probar el zumo del fruto del Baobab

La conversación es amena y va de un lado para otro compartiendo experiencias y proyectos hasta llegar la hora de acostarse.

  • Día 11 · Palmarín – Cap Skirring (470 km)
El gran Baobab
El gran Baobab

Me despierto con el canto de los pajarillos que, a las 6.00 de la mañana, ya están activos.

Mientras estoy escribiendo una líneas de este diario, aparece Adama y me pregunta si te o café. Lo tengo claro, llevo días sin un café, así que me tiro de cabeza a por el líquido negro.

En cuanto aparece Gloria, retomamos la conversación de intercambio cultura y sobre la ruta que me espera hoy. En principio pretende ser de 470 km y según Google Maps tardaré unas 8h en realizarla.

Con la moto cargada y las fotos de rigor realizadas, emprendo la ruta volviendo sobre mis pasos unos 15 km para ver el “Gran Baobab”. Según el chico que me atiende allí tiene una circunferencia de 35 metros lo que le confiere un diámetro de casi 11 metros. Dentro habitan una familia de murciélagos que intento fotografiar inútilmente.

Al salir ya me están esperando los vendedores de artesanía para venderme toda su producción. Entiendo que es una zona rural y, aunque hay muchos artesanos, soy el único turista/cliente que aparecerá en todo el día. Son insistentes y pretenden que compre algo en cada paradita, pero les hago entender que no voy a hacerlo.

Tras este desvío técnico al norte, retomo la ruta hacia el sur en dirección a Gambia.

Aunque en la carretera tiene tramos llenos de agujeros, confieso que en general está bastante bien y muy nueva.

Con buen ritmo llego a la frontera con Gambia para proceder a los trámites de cruzar de nuevo hasta Senegal de la forma más rápida posible.

Me detengo en el primer puesto fronterizo (salida de Senegal) y empieza el baile de papeles que no se que son. Primero un papel amarillo dividido en 3 partes que me sellan por triplicado y me cobran 1000XOF. Después me verifican los papeles del vehículo, 3 sellos más y 500XOF. Por ultimo una ventanilla donde me piden el primer papel amarillo y donde, sorprendentemente, no me cobran nada.

Ya he salido de Senegal… ahora toca entrar en Gambia.

Este es un trámite más fácil para mi, pues al haber sido colonia inglesa, tendré menos problemas con el idioma.

Control del pasaporte, control de los papeles del vehículo y ya estoy dentro.

Son las 15.30 y en apenas hora y media he cubierto el primero de los tres trámites de hoy… ahora a por el segundo, el ferry para cruzar el río Gambia

La carretera para atravesar Gambia no tiene perdida. Es de norte a sur y no hay otra.

Mi sorpresa viene cuando a 2 kilómetros de ferry se termina el asfalto y enseguida pienso que me he equivocado, pero no puede ser… no hay otro camino.

Continúo poco a poco con la inseguridad metida en el cuerpo y al rato veo la cola de camiones que esperan su momento para entrar en el puerto y me quedo más tranquilo.

Voy avanzando entre camiones y charcos por la tierra roja hasta llegar a una verja metálica conde un hombre me dice que entre y que vaya a comprar el tiquet. Averiguo que solo entran en el recinto los vehículos que pueden cargar encada viaje. El resto esperan fuera de la verja a que llegue su turno.

Con el boleto ya comprado, aplico la técnica de colarme entre los camiones y coches para colocarme en primera fila.

Adama me comentó que sobornando un poco a los que cargan el ferry puedes pasar el primero, pero parece que el “no sé”, “no me entero”, “soy extranjero” también funciona y es más barato.

En cuanto llega el ferry y descarga los vehículos, soy el primero en subir, lo que significará encontrar algo de sombra una vez aparcada la moto y ser el primero en bajar en cuanto lleguemos al otro lado del río.

A escasos 100 metros al oeste del puerto, veo a medio construir, por parte de una empresa española, un puente que facilitará mucho la comunicación norte/sur pero también quitará el encanto a la ruta.

Una vez en el otro lado del río desembarco y en apenas 20 minutos vuelvo a estar en otra frontera. Esta vez Gambia-Senegal, pero aquí los trámites son muy sencillos pues detectan que tengo un visado de tránsito y lo arreglan todo con un par de sellos y sin pagar nada. Total 10 minutos (15 a lo sumo).

Me hago una foto con el inspector Alex, todo un personaje de la frontera que tiene la intención de viajar algún día a España.

Cruzar Gambia me ha supuesto un total de 2 horas y media.

Mientras la moto y yo ya vamos circulando camino a Cap Skirring, a unos 50 km de la frontera veo a 2 ciclo-turistas parados. Siempre me gusta intercambiar 4 palabras con estos sufridos viajeros.

  • Where are you from? – les pregunto
  • Spain – Me responden

No me digas más!!. Paro la moto en la cuneta y me quito el casco.

José y Gorka son madrileños y llevan muchos años viajando en bicicleta entre sus rutas están Madrid-Pekín y Alaska-tierra del fuego. Ahora están embarcados en la aventura de llegar a Capetown

Estamos un rato hablando mientras los camiones, furgonetas y motos nos van regalanado sus humos.

Entre las cosas que comentamos es que el cuñado de José trabaja en el puente y han pasado unos dias alojados en la obra

El tiempo amenaza lluvia y ellos quieren seguir un pedaleando un rato más. Yo quiero llegar a Cap Skirring (unos 250 km) y ellos a Zinguichor (unos 100 km) pero creo que ellos llegarán más tarde que yo. Nos equipamos de lluvia, cada uno a su estilo y necesidad y nos deseamos buena suerte y con la promesa de seguir en contacto por las redes sociales.

En apenas 15 minutos, ya estoy empapado y es el presagio de lo que seguramente les esperaria a lellos.

La siguente hora fue de circular bajo la lluvia, extremando las precauciones pero con la tranquilidad de que no habrá demasiada gente andando por la carretra.

Cuando deja de llover puedo volver a centrar mi atención en el paisaje y veo que estoy en mitad de una selva tropical con grandes palmeras y arboles de todo tipo. Abundan los plataneros, los helechos y las marquesas que dan al paisaje un aspecto verde y lleno de vida.

Tranquilamente llego a Cap Skirring, concretamente a Kabrousse para alojarme en un hotel a pie de playa que me recomendó Luis de Kasamu Aku

Cuando llego entiendo todo lo que me había comentado. Es un lugar tranquilo y amable, rodeado de un paisaje increíble.

  • Día 12 · Cap Skirring – Diembereg – Cap Skirring (32 km)
Entregando material en Kasamu Aku

Hoy llueve a gusto.

Mi intención es ir a Diembereg a visitar Kasamu Aku y entregar lo que llevo para ellos pero parece que, después de 3500 km, la lluvia quiere impedirme hacerlo.

Paso la mañana en el hotel viendo como llueve y me hago a la idea de que si a las 17 no ha parado, me equipo y salgo igualmente

A las 17.15 no ha dejado de llover, así que me equipo para mojarme y me pongo en marcha a pesar de que para salir del hotel he de remontar una riera de 1 km que de regreso tendré que volver a bajar. Las circunstancias merecen que ponga a prueba mis habilidades Off-Road para atravesar grandes remansos de agua estancada.

los 3 puntos más conflictivos que me encuentro en ese kilómetro y medio los supero dejándome 4 años de vida por el camino.

Una vez en la carretera, la lluvia de todo el día ha convertido el asfalto en una pista de patinaje llena de obstáculos y de los lodos rojos de los lados del camino.

Modero la velocidad hasta casi 0 y es que entre la lluvia, el barro, los baches y la visera llena de gotas de agua, me convertirán los 15 kilómetros en una carreta de obstáculos.

Después de media hora esquivando rotondas, controlando patinazos y vadeando 3 ríos, llego a Diembereg.

En seguida encuentro el colegio católico donde debería estar Sor Fina, que es la monja de referencia que me han dado en Kasamu Aku.

Cuando accedo al patio principal por la única puerta abierta, me doy cuenta enseguida de que no estará allí. Todas las puertas y ventanas están cerradas con candados y el patio está lleno de cabras que se protegen de la lluvia en los porches de los edificios. Sin perder mucho tiempo, cruzo la calle y como puedo pregunto en un quiosco que hay. El hombre, muy amable, me señala una casa a unos 20 metros del colegio y voy para allá.

La puerta de acceso al jardín de la casa parece cerrada, pero una mujer que pasa por ahí me mira y le pegunto por Sor Fina. Me dice que si, que es aquí y de un fuerte empujón me abre la puerta. Entro en el jardín y veo un montón de edificios que lo rodean (4 o 5) creando varios patios y pasillos.

Aquí las puertas y ventanas también están cerradas, pero 2 personas me han dicho que Sor Fina vive allí, así que aprovecho unos porches para sentarme y esperar sin mojarme.

Espero durante casi una hora, entreteniéndome como puedo en ese pequeño espacio entre una pared y la lluvia.

Cansado salgo y me dirijo nuevamente el quiosco y otra persona me emplaza a seguir buscándola entre el colegio y su casa. Después de otra vuelta por el colegio espantando a las cabras, me resigno a esperarla en su casa.

Al entrar al patio, algo ha cambiado. Hay una puerta abierta.

Lanzo un saludo al aire y aparece la cabeza de la hermana Elisabeth con una sonrisa de oreja a oreja.

Le pregunto ti habla español y me dice que si. Enseguida le cuento que Luis me envía con material para ellas y para los niños. La alegría de la hermana resulta difícil de describir mientras voy depositando el material en la mesa.

Al terminar, yo soy el primer sorprendido de todo lo que ha llegado a caber en la maleta de la moto.

Mientras charlamos de los 188 niños que educan en esa escuela, llega la Hermana Cathy que nos deleita con una risa muy particular.

Me ofrecen un vaso de agua mientas me cuentan lo heroico que les parece mi viaje mientras que para mí lo heroico es la sabor que están llevando a cabo esas 8 profesoras con los niños de entre 4 y 8 años. Me hablan de la alegría con la que juegan a la hora del recreo y de lo que cuesta volver a meterlos en clase. Todo muy parecido a Europa pero con más arboles y plantas en el patio.

Veo todo eso bajo una lluvia que no cesa y solo puedo imaginarme a los niños corriendo y jugando. Estamos en pleno mes de Agosto y el verano es la época más triste para visitar un colegio.

Cuando quiero darme cuenta llevo 2 horas charlando con las hermanas y empieza a oscurecer. Sigue lloviendo y las carreteras por esos parajes no son demasiado buenas. Además me queda cruzar la torrentera para llegar al hotel.

Me despido de ellas con un caluroso abrazo y el corazón en un puño por no haber podido llevar más cosas. A pesar de eso me consuelo pensando en el buen uso que harán de todo ello.

  • Día 13 · Cap Skirring – Wasadou (550 km)
Campamento en Wasadou

Hoy promete ser un día largo. La salida del hotel es complicada pues se ha pasado la noche lloviendo y el camino hasta la carretera está impracticable.

Por suerte, el paisaje es increíble y atravesar la selva senegalí es indescriptible. Plantas hasta el mismo limite de la carretera, termiteros que sorprenden por su amplitud y altura. Campos de arroz cuidados por mujeres mientras los hombres se dedican a la ganadería.

A medida que avanzo hacia el interior de Senegal la lluvia va parando y sigo encontrándome con la estampa típica de plebiscitos atravesado por la carretera y con un montón de niños jugando o ayudando con la ganadería y en pequeños comercias.Los paisajes que cruzo son de selva total y absoluta y de vez en cuando me paro para tratar de capturar en imágenes alguna de las estampas que me encuentro, aunque seguramente será imposible. Es tal la exuberancia de la Casamance que no cabe en una foto.

Me planteo la ruta sin prisas, disfrutando del camino y poco a poco el tiempo me va dando tregua y empiezan a aparecer los primeros rayos de sol. De vez en cuando sigue lloviendo pero no con la misma intensidad.

Voy por una de las rutas más transitadas del sur de Senegal, lo que convierte esta carretera en un ir y venir de camiones que a su ritmo van avanzando.

Llego a Wasadou, donde quiero dormir en un campamento que vi por Internet. Tras 4 km de pista que por la lluvia está como está, llego al remanso de tranquilidad que ofrece este campamento. Son las típicas cabañas tradicionales con techo de paja y rodeadas de selva, aves exóticas, monos y al lado de un recodo del río Gambia, donde según me han dicho, hay una familia de hipopótamos.

Me pierdo un poco dando vueltas por los caminos que rodean el campamento , pero pronto se hace de noche . Ceno solo en el restaurante, aunque veo una mesa preparada para 13 personas. Al parecer están esperando un grupo que se ha retrasado.

  • Día 14 · Wasadou – Tambacounda (230 km)
En DorcasONG

Tras la experiencia en Diembereg con la ONG Kasamu Aku, hoy vuelvo a repetirlo, aunque esta vez será para DorcasONGD que trabaja en colaboración con el hospital Valle de Hebrón en el pueblo de Dialacoto situado en el centro de Senegal.

En el campamento, a la hora del desayuno, vuelvo a ver la mesa para 13 comensales preparada, pero esta vez si que veo a gente merodeando. Paro el oído porque el idioma me resulta familiar. Distingo acentos castellano, vasco y catalán. Son un grupo de españoles que llegaron anoche tardísimo y que hoy se desperezan mientras yo me tomo mi café. En seguida empezamos a hablar y les cuento sobre mis viajes, sobre mis rutas en moto y no dan crédito que haya llegado hasta allí solo. Nos dan las 11 cuando salgo del campamento dirección a Dialacoto, que está a unos 10 minutos, cuando empieza a chispear nuevamente.

Ya en el pueblo, en la misma carretera, empiezo a preguntar por Jakité, que es la persona encargada de administrar los recursos de DorcasONGD en Dialacoto. Encuentro a una persona que lo identifica gracias a la foto de perfil de su Whatsapp y trata de explicarme como llegar a su casa.

Mi francés es penoso, así que el sufrido hombre me acompaña andando mientras yo le sigo como puedo con la moto. Apenas son 5 minutos de trayecto, pero nos coincide con una tromba de agua que nos deja a los dos empapados.

Un porche metálico que hace de guarda lluvias entre 2 casas nos sirve para protegernos y es a su vez la casa de Jakité. Nada más verme, Jakité se lleva las manos a la cabeza y me pregunta como he sido capaz de encontrarle con la que está cayendo. Señalo a mi sufrido y empapado acompañante y ambos le damos las gracias. Paso a su casa, me presenta a su mujer y a su hijo y estamos un rato hablando de su vida en Barcelona, de las amistades que tenemos en común y del motivo que me ha llevado hasta Dialacoto. Voy loco por sacar lo que llevo en la maleta de la moto para ver la cara que pone.

Los medicamentos, las camisetas y las gorras ya le parecen muy bien, pero lo que más le gusta son los globos que llevo. Me cuenta que allí los niños son muy felices jugando pero que tienen muy pocas veces la posibilidad de jugar con globos, así que le pido a Jakité repartir algunos entre los niños que están a la puerta de su casa. Por la cara que ponen me doy cuenta de que son pocas las ocasiones en las que han tenido uno en sus manos y que para ellos es todo un tesoro y se pasan el rato hinchando, deshinchando y haciendo ruidos y riendo.

Después de hablar durante un rato, cargamos la parte de los medicamentos y bajo la lluvia, los llevamos al hospital. Él va en su coche y yo en la moto que la entro en el patio principal. Me lleva hasta la consulta de doctora, donde Jakité les cuenta mi viaje y de donde vienen los medicamentos.

Si con la escuela de Diembereg ya aluciné, en el hospital de Dialacoto me quedo maravillado con su humanidad y me encanta la humanidad que desprenden esas personas.

Me voy de Dialacoto con la imagen de los niños jugando con los globos grabada en mi retina y pensando en cuantas ciudad hará falta ese pequeño gesto, así que mientas el día gris sigue goteando, emprendo dirección a Kendogou (a 170km) para después coger una pista de 30km más hasta Dindefelo para ver unas cataratas.

Apenas he recorrido unos 70km de buena carretera entro en una zona de obras. Al principio todo va bien, a pesar de que la lluvia va en aumento, pero poco a poco el pavimento va empeorando hasta el punto de encontrarme un camión tumbado en la cuneta. Más adelante me cruzaré con 2 autocares más tumbados y un camión cisterna panza arriba. Todo ello sin contar con los innumerables vehículos averiados en el arcén.

La lluvia, el barro, el cansancio, los baches, los camiones y el trafico de ese tramo consiguen que a los 20km dé media vuelta. Aún tenia por delante 30 kilómetros más de esa tortura y después 30 kilómetros de pista para llegar a las cataratas y mañana volver por la misma ruta. Decido que no me compensa el sufrimiento y es de las pocas veces en las que creo que, dar media vuelta, ha sido la decisión acertada.

Mojado y lleno de barro, pero con el orgullo de haberlo dado todo, giro la moto en mitad de la nada y emprendo la labor de volver sobre mis huellas.

La ruta me lleva de nuevo a Dialacoto, pero decido no parar. No tengo el humor para demasiadas charlas y sigo hasta Tambacounda donde me meto en el primer hotel con Wi-Fi y parking que encuentro.

El barro rojo que lo inunda todo, lo dejo en parte en la moto y en parte en la ducha del hotel al lavar el chubasquero. Ha sido un día duro así que lo acabo con una cena típica de Senegal y a descansar.

  • Día 15 · Tambacounda – Lounga (550 km)
Acampando en Senegal

Me despierto descansado y recompuesto después del día de lluvia de ayer. Miro por la ventana, y aunque las vistas no son bonitas, veo que un triste sol trata de sacar la cabeza entre las nubes. Recojo toda la ropa que anoche dejé esparcida por la habitación para que se secara y la vuelvo a poner en su sitio

Busco la mejor ruta y decido coger la carretera nacional N1 hasta Ourossogui y subir paralelo a Mali.

Nada más salir de Tambacounda, termina el asfalto y da paso a la tierra roja que hay debajo. Durante unos 20km, la pista está perfecta, con algún charco de vez en cuando pero es estable. De los 20 a los 30km, la tierra va cambiando de roja a blanca que resulta ser poco estable y llena de barrizales. Lo único que consigo es caerme de la moto con tan mala pata que rompo el soporte del parabrisas. Después de repararlo, decido dar media vuelta y cambiar de planes. No quiero volver a encontrarme agotado como ayer.

Cojo la vía más directa hacia St Louis y hacia Diama. No llegaré hoy pues no me quiero ir de Senegal sin acampar, así que a 38 km de Lounga, en mitad de la sabana senegalí, encuentro un espacio discreto y medio alejado de la carretera donde plantar la tienda.

A las 20.30h ya se ha ido el sol y empieza a cubrirse el cielo con las estrellas que hacen que esta noche sin luna no sea del todo oscura.

Mañana regreso a Mauritania para emprender el camino de regreso a casa.

Aquí tienes la tercera y última parte de la crónica del viaje.