Monasterios de Meteora

Todos tenemos un origen. Un viaje de iniciación en el que pagamos las novatadas, los excesos y las carencias de la inexperiencia. Más adelante descubres que nunca estás del todo preparado.

Para mi, los 20 días en moto a Grecia fueron ese peaje y aquí estoy, 12 años después, tratando de recordar lo que supuso ese viaje y explicarte como regresé con un montón de experiencias en las alforjas.

Días antes de la salida traté de prever todo lo posible con la experiencia que las salidas de fin de semana me proporcionaban y con la imaginación y el sentido común como recurso principal.

Compré unas alforjas, cargué mi Honda CB500 con el saco de dormir y la tienda de campaña y de madrugada entraba en la autopista que me llevaba hasta Francia.

  • 2 de Agosto de 2005 Ripollet – Bolonia

Salí de Ripollet (Barcelona) dirección a la frontera de Francia con la intención de hacer el máximo de kilómetros posibles y así lo hice. Después de 1100 km de pura autopista, me detuve a pasar la noche en Bolonia. La sensación de culo plano y lumbares rígidos era considerable y ese día aprendí que esa moto no era para hacer tiradas tan largas y que mi próxima compra seria una faja para mantener a salvo las lumbares.

  • 3 de Agosto de 2005 Bolonia – Bari

Al día siguiente hice muchos menos kilómetros, apenas los 675 que separan Bolonia de de Bari. Llegué al puerto a sobre las 16.00 y me dirigí al la taquilla para comprar el boleto para el Ferry a Igoumentisa. Con la taquilla cerrada me tocó esperar un rato para conseguir el pasaje para mi y la moto en un ferry que debía salir a las 19.00h. y que acabó saliendo a las 22.30h., así que me tocó pasar la noche en alta-mar… al menos me ahorré una noche de hotel.

  • 4 de Agosto de 2005 Igoumenitsa – Ioanina

Cansado de las 12 horas de ferry emprendí los primeros pasos en Grecia buscando un lugar donde relajarme y pasar el día. Apenas a 80 km de Igoumenitsa, encontré el tranquilo pueblo de Ioanina.

Al lado del lago del mismo nombre, esta pequeña ciudad me brindó la posibilidad de relajarme y estirar las piernas. Ahí empecé a tomar contacto con la cultura griega, pues aunque sin ser espectaculares, sus ruinas al lado del lago son ideales para pasear, dejarse llevar un rato, relajar las piernas y sobretodo la espalda. También resultó ser el mejor sitio donde descubrí la “musaka” griega, un tipo de lasaña a base de berenjena muy típica de Grecia.

  • 5 de Agosto de 2005 Ioanina – Atenas

Más descansado, retomo la carretera con destino a Atenas (460km) y nada más empezar la ruta, me doy cuenta que será más lento de lo que imaginaba. Entré en una zona de obras en una carretera de montaña. Obras que me acompañarían durante casi 80km, con los inconvenientes de la carretera sin asfaltar, los camiones haciendo cola, el polvo del camino y las retenciones típicas del ir y venir de los trabajos de mejora. Fueron 2 horas de suplicio que terminaron cerca de los monasterios de Meteora.

Me detuve a comer a los pies del conjunto monumental y por la tarde subí a un par de los monasterios más importantes… Hice un poco el turista :D. Aunque abarrotados de gente, disfruté de la visita y me deleité observando a los monjes que, rodeados de peregrinos, explicaban historias, para mi incomprensibles, pero que a la gente parecía mantenerlo absortos, en mitad de una plaza o bajo la sombra de algún árbol.

El resto de la ruta fue tranquila. Buen clima, buena temperatura y poco tráfico. Las autopistas que van a la capital son fluidas y los peajes eran gratuitos para las motos… que más se puede pedir.

Y así llegué a Atenas. Una de las capitales más importantes del mundo antiguo. Vestigio de una de las civilizaciones que mas influyeron en el pensamiento actual … y un verdadero caos de tráfico. Como detalle, te explicaré que en las rotondas griegas tiene preferencia el que entra… Calcula tu mismo las consecuencias.

Después de encontrar un lugar donde dormir y donde quitarme el polvo del camino en obras, salí a disfrutar un poco y a callejear sin rumbo disfrutando de las calles, los puestos de comida y los monumentos que, ya de noche, aparecían iluminados ante mis ojos.

  • 6 – 7 de Agosto de 2005 Atenas

Con la moto aparcada me dirijo a turistear por los sitios más característicos. La Acrópolis, el Partenon, la plaza Syntagma, etc… pero sobre todo sus calles, sus mercadillos y el ambiente que se respira por lo que antaño fue la capital del mundo. Dos días de museos, avenidas, tiendas y gentes. De comida tradicional, música, calor y cansancio. Esos dos días me sirvieron para catar ese talante griego, tan propio de los países mediterráneos.

  • 8-9-10 de Agosto de 2005 Atenas – Mikonos

Aconsejado por un amigo compré un billete de ida en ferry a una de las islas más famosas del Egeo. A las 8 de la mañana y con una puntualidad casi británica, zarpaba del Pireo dirección Mikonos en un ferry rápido que apenas tardó un par de horas. Descargué la moto y empecé a dar vueltas, en busca de algún camping donde pasar unos días. Cosa que hice en uno cercano a la playa Paranga.

El resto os lo podéis imaginar: Playas, rutas (cortitas, pues la isla no da para mucho), siestas y fiestas. En resumen: descanso y desconexión.

  • 11 de Agosto 2005 Mikonos

Los días pasaban y a mi empezaba a entrarme el síndrome de la isla. Todo era muy bonito, pero todo estaba muy cerca… demasiado cerca. Con la sensación de que ya lo había visto todo, me fui nuevamente a una agencia para comprar el billete de regreso a Atenas y acabar de disfrutar de la capital y de alguna ruta más. Cual fue mi sorpresa al decirme la señorita del mostrador que hasta la semana siguiente no había billetes, pues Grecia celebra su semana grande el 15 de agosto y todo el mundo coge vacaciones y se desplaza a las islas.

No lo dudé y en ese mismo momento compré el billete, no fuera caso que más adelante no encontrara. Con las ganas que tenia de salir de allí y me quedé encerrado una semana más.

  • 12-13-14-15-16-17 de Agosto de 2005 Mikonos

Diez días de desconexión es mucho para mi… demasiado. Mi estado nervioso se vio un tanto afectado los primeros días, pero le busqué el lado positivo y ahí cambió todo. Empecé a conocer gente (australianos, neozelandeses, austriacos y algún que otro español). Les hacia de guía, aconsejaba restaurantes y visitas, etc… en esos días conocí un montón de gente y con algunos aún mantengo el contacto. Fueron unos días extraños, por que igual estaba tumbado durante horas mirando el mar en una terraza tranquilo y relajado, como al minuto siguiente me habían venido a buscar unos Alemanes para irnos  de fiesta a alguna cala. Fueron 6 días sin planes ni rumbo.

Mikonos
  • 18 de Agosto de 2005 Mikonos – Patras – Brindisi

Había “perdido” una semana en Mikonos cuando cogía el ferry hacia Atenas. Mis planes para visitarla se habían desvanecido y, por cuestiones laborales, debía emprender el regreso a casa. Lo que en un principio era un encierro, al final se convirtió en una sentida despedida. Me lo había pasado genial en esa isla y ahora tenia a 4 personas en el puerto que habían venido a despedirme. Abrazos, besos y un hasta pronto.

Con una sonrisa melancólica en mi cara, el ferry salió hacia Atenas dejando tras de mí una estela de recuerdos, experiencias y amigos.

Desde Atenas me subí en la moto y encarrilé dirección al Peloponeso. Crucé el canal de Corintio y rodeé por la costa del golfo hasta llegar al puerto que me llevaría de regreso a Italia.

En la taquilla, me informaron de que el ferry saldría sobre las 20.00h. Sólo debía esperarme un par de horas para zarpar y prepararme pasar la noche en el ferry.

  • 19 de Agosto de 2005 Brindisi – Algún sitio entre Nápoles y Roma

Llegaba a Brindisi a la 6 de la mañana. Con el frescor del mar en mis huesos, me subía a la moto con la intención de llegar lo más lejos posible y tratar de llegar a mi casa en barcelona al dia siguiente. Pero todos los planes son susceptibles de modificarse. Y más cuando es el destino el que juega las cartas.

Antes de legar a Nápoles ya estaba lloviendo. Era de prever que algún día pudiera encontrar agua, así que tranquilamente fui subiendo por la autopista dirección a Roma. Cuando me canse, ya de noche, me detuve en una gasolinera. Estaba tan cansado que me quedé traspuesto encima de la moto con los pies en el manillar y la espalda y la cabeza sobre el saco de dormir de mi asiento posterior. En esa posición me desperté con las primeras luces del alba, que me recibían sin lluvia y después de un café reanudé la ruta.

  • 20 de Agosto de 2005 Algún sitio entre Nápoles y Roma – Les Arcs

El día prometía. Ya no llovía, el tráfico era escaso y el depósito estaba lleno. Pero una vez más el destino… cerca de Génova pinché rueda. Otra vez me vi en una gasolinera, pero ahora para rellenar el neumático con espuma y seguir la ruta.

Para cuando salí de Italia ya ni me acordaba del pinchazo. Iba tranquilamente por la autopista hasta que, pasado Fréjus, la moto empezó a temblar de atrás. La espuma ya no había aguantado más y había vuelto a pinchar la rueda. Tuve tiempo de detenerme en una gasolinera y desde alli llamé a la grúa. El gruista tardó una media hora, nos cargó a los dos en el vehículo y nos fuimos a un taller mecánico. Era sábado tarde y todo estaba cerrado. Descargó la moto y me dio a entender que me esperara a que viniera un taxi a recogerme, luego se fue del taller seguramente a otro servicio. Esperar durante una hora, en un polígono industrial, un sábado por la tarde sin estar convencido de si alguien pasará a recogerte, es una sensación angustiosa. Al aparecer el taxi, casi me tiro encima de suyo. Me llevó hasta lo que seria mi hotel esa noche.

  • 21-22 de Agosto de 2005 Les Arcs

Si ayer era sábado, hoy es domingo. Eso es así. No sólo eso, sino que además el lunes será fiesta local. No tendrían la moto hasta el martes día 23 de Agosto.

Les Arcs en un pueblo tranquilo… muy tranquilo. Está cerca de la autopista, pero es uno de esos pueblos que no pasarías a visitar sin más. Su núcleo urbano es un recinto amurallado medieval que invita a pasear tranquilamente y desde sus laderas puedes ver los viñedos franceses esparcirse en todas direcciones. Nuevamente me tocó relajarme durante dos días, pero esta vez sin mi moto.

  • 23 de Agosto de 2005 Les Arcs – Ripollet

A media mañana, un taxi vino a recogerme al hotel para llevarme hasta el taller donde habían arreglado el pinchazo. Pagué la reparación y me preparé para los apenas 600km que me quedaban hasta casa. Después de encomendarme a todos los dioses conocidos y algunos de desconocidos, subí nuevamente a la moto y encaré la autopista del mediterráneo dirección a España.

Esta vez el viaje ya no me deparaba ninguna otra sorpresa y llegué a casa repasando todo lo ocurrido y empezando a preparar mi siguiente viaje, tanto la ruta como con el equipo que debía llevar.

Partenon
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