Mucha gente me llama aventurero, aunque nunca me ha gustado esa definición.

Dicen que lo soy porque cojo la moto y viajo a países que ellos no saben ni pronunciar, porque me mezclo con gente que no puedo comprender y porque duermo en parajes que ellos solo pueden soñar.
Dicen que lo soy por que las fronteras ya no me asustan (aunque no les he perdido el respeto) y porque soy capaz de confiar en gente que no viste como yo.
Dicen que soy un aventurero por que soy capaz de comer cosas sin apenas saber que he pedido, en restaurantes donde no se pararía ningún turista.
También lo dicen por que pocas veces me encontrarás siguiendo los circuitos turísticos establecidos por la agencia.
Y siguen con argumentos como el valor, el riesgo, la templanza, etc…

Çanakkale, Turquía

Si supieran la verdad…

Lo que ellos califican de aventurero no es más que una mezcla de paciencia, ignorancia y curiosidad.

  • Paciencia para llegar a un destino interesante, que normalmente nunca está cerca y suele requerir uno tiempo más largo del previsto para llegar.
  • Paciencia para atravesar fronteras interminables con la esperanza de que la documentación sea la correcta y que el policía de turno esté dispuesto a ayudarte con los trámites a cambio de una sonrisa.
  • Paciencia con los turistas que van con las prisas de quien no tiene tiempo y buscan pasar los primeros en cualquier cola.
  • Paciencia con los otros conductores que van tarde, con los peatones, los niños con las pelotas, los mendigos de los semáforos, los curiosos que te quieren tocar, etc…
  • Pero sobre todo paciencia con uno mismo.
  • Ignorancia de los conflictos internos que sufre cada pais, pues apenas nos llegan noticias de algunos lugares lejanos.
  • Ignorancia de las infraestructuras a las que debo enfrentarme y que pueden suponer un importante cambio de planes.
  • Ignorancia del idioma, la moneda, el cambio, el clima, la mentalidad, las costumbres y mil cosas más que ignoro.
  • Curiosidad infantil por las texturas, olores, colores y sabores distintos que te hacen apreciar el lugar en el que estás.
  • Curiosidad por conocer nuevos estilos de vida que me ayuden a entender el mundo de forma más global.
  • Curiosidad por ver como los paisajes diseñan las nubes con el capricho de sus montañas, valles, bosques y ríos.
Frontera de Gambia
Frontera de Gambia

Pero cuanto mayor me hago más me contradigo.

Así que mis “aventuras” son todo eso y a la vez todo lo contrario y a la formula de paciencia, ignorancia y curiosidad acabo añadiéndole impaciencia, conocimiento y desinterés

  • Impaciencia, porque llegue el día de salir de ruta, por llegar al destino, por desconectar de mi rutina.
  • Impaciencia por vivir fuera de mi zona de confort y probar sabores nuevos
  • Impaciencia por volver con las maletas llenas de polvo, arena y camino.
  • Conocimiento del destino, de la ruta, de la burocracia mínima y de las vacunas y medicamentos aconsejados.
  • Conocimiento de mis limitaciones, gustos y manías que me acompañarán toda la vida.
  • Conocimiento del vocabulario mínimo, que en mi caso se limita a Hola, Adiós y Gracias en el idioma local. Me gusta ser educado.
  • Desinterés previo por el tipo de comida y en general por todo aquello que quiero que me sorprenda mientras recorro mi destino.
  • Desinterés por esas noticias que sólo aportan tensión y desánimo.
  • Desinterés por saber donde dormiré o a quien conoceré pues estoy más que seguro que acabaré durmiendo en algún lugar y conociendo a alguien interesante.

Ahora que lo he puesto por escrito, comprendo que la gente me llame aventurero, aunque sigue sin gustarme del todo ese término y me doy cuenta de lo caótico que debe resultar visto desde fuera, pero la vida es así de desordenada…. no crees?

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