El titular es tal cual. Sin trampa ni cartón. Dejadme que os cuente que pasó.

Algunos ya lo sabréis (otros no) pero a lo largo del mes de Agosto he estado realizando una ruta que comprendía muchos países de Europa y Asia central. He tenido la suerte de atravesar regiones tan maravillosas como el norte de Turquía, Georgia, Azerbaiyán, el mar Caspio, Kazakstán y Uzbekistán entre otras.

Mi última frontera complicada y extra-comunitaria era la frontera entre Rusia y Ucrania. Al llegar al punto fronterizo, me piden: pasaporte, carta de inmigración, ficha técnica del vehículo y documento de importación del vehículo. 4 documentos que siguiendo mi rutina fronteriza debía tener en mi carpetita.

Problema!. Falta un papel!.

Después de entregarle todos los documentos al policía fronterizo me dice que falta el documento de importación de la moto a Rusia. Me comenta que yo tengo todos los papeles y puedo continuar el viaje, pero la moto no sale de Rusia hasta encontrar este papel.

Mi cara se descompone, mi cuerpo se estremece, me entran escalofríos y lloros. ¿Me estás diciendo que he de dejar la moto en Rusia?

Después de hacer memoria, recuerdo ese papel en la frontera. Lo recuerdo en la cabina del policía mientras me entregaba la documentación validada y recuerdo como se lo quedó.

12 horas de negociación.

Ese fue el tiempo que estuve en la aduana de Kozino (Rusia) discutiendo dialogando con diversos policías fronterizos sobre las diferentes posibilidades que se presentaban ante mi.

  • La primera era retroceder 3500 km para ir al puesto fronterizo por el que entré para pedir de nuevo el “papelito”. Inviable por varios motivos, entre ir y volver, se me iban 15 días de trayecto y ya iba con el tiempo justo, además las carreteras parecían más campos de minas que caminos y por último no había garantía de conseguir el papel.
  • La segunda opción no era mucho mejor. Solicitar una copia a la aduana por donde entré y esperar que contenten. El resultado son un mínimo de 15 días entre enviar la solicitud y recibir la respuesta. Aún así no es garantía de conseguir el papel.

Sin garantías, opto por la última solución.

La última solución es la mas dolorosa. La que intenté evitar durante dos días de llamadas a embajadas, trámites en fronteras y eternas esperas en el hotel. La última opción que me quedaba era dejar la moto en Rusia y emprender el regreso a casa con lo que pude cargar al hombro y la tristeza de abandonarla en un país extranjero sabiendo que, probablemente, jamás la pueda recuperar por un trámite burocrático.

Hoy sigo en conversaciones con la embajada española en Rusia y las embajadas de Rusia y Kazakstán en España. Ninguna sabe como conseguir ese documento y ninguna me garantiza recuperar el vehículo algún día.

Aprendizaje.

Cuando en un país te cierran las puertas, el idioma no es fluido, desconoces la burocracia y has de tomar decisiones (aunque duelan), te re-descubres haciendo lo necesario para minimizar males y haciendo lo que debes hacer, pues de lo que se trata es de volver a casa lo más sano posible.

Espero, deseo y ansío, poder editar este post, un día no muy lejano, para deciros que recuperé mi moto.

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Adiós “Tormenta”
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