Salí de Marrakesh dirección a Ceuta, donde al día siguiente me esperaba el ferry de vuelta a la península.

Cogí la autopista que pasa por Casablanca y Rabat sin más dinero que unos pocos Dirhams que me habían sobrado y unos 50 Euros en el bolsillo sin saber que esa autopista era de peaje.

Con cara de sorpresa, llegue a la garita de pago preguntando si aceptaban tarjetas de crédito, cosa que me negaron enseguida. Mientras trataba de hacerme entender con el buen hombre, detrás de mí un taxista empezaba a perder la paciencia.

Pitando y acelerando, trataba de que tanto yo como el encargado del peaje fuéramos más rápido en lo que a pagar se refería.

Tanta prisa tenia el taxista que, en uno de sus arrebatos, empujo mi moto para hacerse sitio a mi lado.

Tanto yo como el de la garita nos liamos a gritos con él, diciéndole que se esperara, que tenia que pagar en euros y eso llevaba un minuto más de lo normal… Al menos no me sentí solo con mi irritación.

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Marrakesh
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