Mientras recorría en moto las Repúblicas Bálticas, llegué a Riga, capital de Letonia, una tarde de Agosto más bien fresca, así que me abrigué lo necesario y salí a visitar la ciudad dejándome guiar por mis pasos, y es que cualquiera de las tres capitales de las repúblicas tienen un casco antiguo patrimonio de la humanidad que vale la pena visitar.

Di vueltas durante unas horas y sobre las 21.00 me dirigí a la plaza del ayuntamiento, para cenar. Había visto un restaurante con una terraza que me había gustado.

Me senté tranquilamente y mientras esperaba la cena me conecte a su WiFi para ponerme en contacto con la familia y, un rato después, me trajeron la cena.

Hasta aquí todo muy normal. De pronto, me tocan en el hombro y al levantar la cabeza, veo al camarero con cara larga y señalando el plato y diciendo: Please dinner, cold worthless (Haga el favor de cenar, frió no vale nada)

Sorprendido y haciéndome pequeño en la silla, dejé el móvil a un lado y me comí la cena sin rechistar, como un buen niño.

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Sopa de remolachas