Después de atravesar Polonia por carretera, llegó la hora de buscar hotel. A la salida de una pequeña ciudad, encontré un Motel de carretera de 2 estrellas que desde fuera pintaba bien aunque sencillo. Suficiente para pasar una noche.

El recinto del parquing estaba vacío y, en lo alto de las escaleras de entrada, vi una mujer en una mecedora con un chico alto y delgado a su lado, al más puro estilo Hitchcock.

Con un poco de reparo por la estampa, pregunté por una habitación, descubrí que el chico (muy muy alto, muy delgado y de mirada estrábica) hablaba muy rápido en inglés y al ir a enseñarme la habitación descubrí que no andaba…. corría.

Tal era su velocidad, que en el tramo de 18 escalones entre la recepción y el primer piso de habitaciones, lo perdí de vista y al llegar al rellano ya no sabia hacia donde dirigirme. Por suerte, dos segundos después sacó la cabeza por la puerta de una habitación para mostrármela.

No pasó nada extraño, pero iba a dormir en un hotel vacío con unos personajes que no me inspiraban mucha confianza, así que decidí bloquear la puerta con una de las maletas de la moto. Sabia que no era mucha seguridad, pero algo es algo.

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El Hotel de este post

 

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