Cruzando Noruega, paré en una gasolinera con el estómago revuelto y un apretón de los que no pueden esperar. Paré la moto, entré en la tienda y me dirigí rápidamente al servicio.

Mi**da! está ocupado!. Que mala suerte, me toca esperar entre retortijones.

Mientras espero, llega un Noruego con la misma urgencia. Con una mirada interpreta que yo también estoy esperando y le echa paciencia aunque me doy cuenta de que está tan apurado como yo… sino más.

Tras una eterna espera, salió la persona que estaba dentro y entré rapidamente. Cerré la puerta, eché el pestillo y abrí la tapa del WC

Mi**da! está atascado y apunto de rebosar. Qué asco!

Para cuando conseguí bajarme los pantalones de moto y sentarme, el que esperaba fuera ya aporreaba la puerta, así que me espabilé tanto como pude.

Omitiré los pasos intermedios, pero después de vestirme y tirar de la cadena, recordé el atasco.

A medio vestir, salí pitando sin mirar atrás.