Salí de Sofía (Bulgaria) por la mañana temprano con la intención de hacer los últimos 2.400 kilómetros a casa de forma tranquila y constante.

A las 2.00 de la madrugada, cerca de Genova (Italia), perdí el tapón del aceite. 

Lo descubrí a tiempo y paré en una gasolinera. Ni os cuento el aspecto del pantalón, la bota y toda la parte derecha de la moto.

En 30 minutos, la grúa nos llevaba, a mi a un hotel y a la moto a un taller. Al llegar me bajé y me despedí de mi chófer.

Cuando me di cuenta, mi ropa se había ido con la moto en la grúa. Eran las 3.00 de la mañana, estaba delante del hotel, vestido de motero, con el casco en la mano y chorreando aceite de motor.

Ducharme fue un placer, pero al día siguiente, volver a ponerme la ropa sucia de aceite de motor, no tanto.

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Recuperando la moto en el taller

 

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