Durante una acampada en Marruecos, me pasé las últimas horas de la noche oyendo debajo de la tienda de campaña unos ruidos extraños. Algo que se movía.

No me planteé que era, al fin y al cabo estaba fuera y yo dentro, pero iba oyendo ese escarbar sospechoso mientras trataba de despertarme.

A mi hora, me levanté y empecé a recoger.

El momento de desmontar la tienda me lo tomé con calma. No quería sorpresas ni sustos. Poco a poco la fui doblando hasta llegar el último pliegue sin observar nada fuera de lo normal.

Me quedé mirando la tira verde de 2 metros por 50 centímetros en la que se había convertido la tienda y pegué un tirón para ver que había debajo.

Salió como una exhalación un escorpión negro de unos 15 cm buscando un refugio bajo la hoja de un árbol. Cogí mi cámara, enfoqué, levanté la hoja con un palo y disparé la foto.

La noche que no dormí solo
La noche que no dormí solo
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