Coger un ferry en Brindisi (Italia) puede resultar una experiencia que recordarás por mucho tiempo. No me refiero al ferry en si, me refiero a la aventura de comprar los billetes.

Llegué un hora antes y toda la terminal respiraba calma. Localicé las taquillas y esperé sentado.

Puntuales, 3 chicas se sentaron en el mostrador y fue el pistoletazo de salida de cientos de personas empujándose para comprar los boletos. Conseguí un hueco al lado de una señora alta y corpulenta que me recordaba a la típica “mamma” italiana y allí avanzábamos con la masa.

De pronto, dos chicos saltaron los cordones que limitaban el espacio para entrar justo delante de la “mamma” y mio. Ni corta ni perezosa, los cogió por el brazo, les soltó cuatro gritos en italiano y les dijo que se pusieran a la cola, que antes estaba ella y detrás de ella iba yo. Cabizbajos salieron y se fueron hacia atrás. No los volví a ver

La miré agradecido y después de comprar los billetes me despedí con un “grazie” y una sonrisa.

Venta de billetes en la terminal de Brindisi
Venta de billetes en la terminal de Brindisi
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