Trato de ir por la vida observando. Me gusta hacer rutas con la moto y ver como los paisajes que se acumulan en mi retrovisor. Los he visto a través de lluvia, nieve, granizo y niebla. Observo los cielos y los comparo con los que estoy acostumbrado a encontrarme. También trato de averiguar si las nubes de enfrente traen lluvia o solo son unos nubarrones pasajeros.

Observo a los vehículos con los que circulo. El lento y el rápido, el camión, el turismo, la furgoneta y el autocar. Nuevos, viejos o antiguos. Confieso que me gusta mirar sus matriculas, sobre todo cuando estoy en el extranjero.

Entre otras cosas también observo a los motoristas que tratamos de avanzar adelantando entre carriles en los insufrible atasco mañanero de las rondas de Barcelona en hora punta. Motos que no se atreven a pasar, otros van con prisas, otros se cabrean con los coches y por supuesto también he visto accidentes, tanto de moto-coche como moto-moto. Y ahí también he visto de todo … o eso creía.

Y es que el tema de adelantar entre carriles es un tanto delicado. La cortesía que gastan muchos coches se ve contrarrestada por el poco respeto de otros, pero creo que no hay que olvidar que los coches no tienen ninguna obligación de dejarnos pasar.

Eso lo olvidó el motorista que llevaba delante en una de esas mañanas y que después de unos minutos tratando de adelantar un coche, a la que pudo, se puso a su lado y aprovechando la protección en los nudillos de los guantes, le propinó un puñetazo al coche dejándolo con el retrovisor derecho colgando y el espejo roto en el suelo. Personalmente flipé en colores.

¿Tanta prisa tenia el muchacho? quizás su trabajo le apasiona y está deseoso de llegar, o puede que algún asunto de vida o muerte reclame su presencia. No sé.

Esta es una de esas situaciones en las que llego a la conclusión de que los “malos” no son ni los coches, ni las motos, ni los taxis, ni los buses, ni las bicicletas ni los peatones. Lo malo es la actitud con la que, a veces, salimos a la calle… lleves el vehículo que lleves.