Salgo de casa un 2 de Agosto a las 7 de la mañana rumbo norte. Hoy toca hacer 1250Km hasta Stuttgart (Alemania). Todo listo, depósito lleno y autopista por delante. Quizás un poco de frío para mi gusto, pero dejo que mis pensamientos fluyan. En poco más de hora y media paso la frontera y ya estoy en Francia.

Casi desde la frontera me acompaña la lluvia así que decido equiparme para lo que se plantea como un día duro. En Stuttgart y después de más de 1.000km de lluvia continua, decido buscar un hotelito sencillo.

3 de Agosto. Me despierto a las 6 de la mañana. Miro por la ventana. Llueve. Ruta prevista 965 Km. hasta Odense (Dinamarca).

Desayuno lo mejor que puedo y salgo del hotel para enfrentarme con el frío y el agua. Sigo rumbo al norte y me repito una y otra vez que mañana será mejor.

En Odense y encuentro una habitación de alquiler en una casa particular. El propietario trata de convencer me de que no haga burradas, que la carretera mojada es muy peligrosa. Tiene razón pero reconozco que soy “algo” cabezón en cuanto a modificar los planes por un poco de lluvia.

4 de Agosto. Abro los ojos a las 6:30h y sigue lloviendo. Hoy quiero llegar a Estocolmo (Suecia) a 865Km, pero empieza a hacerme mella el clima.

Cargo las alforjas, la tienda y el saco (que aún no he usado) y vuelvo a la autopista.

Durante un rato para de llover. No sale el sol, ni clarea el cielo, simplemente para de llover. Sólo con eso el destino final parece más cerca.

Hoy toca llegar a Mo i Rana (Noruega) a 1065Km. Miro fuera y sigue lloviendo, como no. ¿Que opciones tengo?. Quedarme en Estocolmo. Dar media vuelta y ya volveré otro año. Continuar.

Desayuno y salgo del hostal sabiendo exactamente a lo que me enfrentaré, frío y agua, como en los 3 días anteriores.

En Mo i Rana alquilo una habitación en un Hostel al pie de un lago. El propietario, Rolf, resulta tener una novia Española y “cree dominar” un poco el castellano. Nos vamos entendiendo en una mezcla de castellano-inglés-francés.

Echamos una buena charla con una taza de caldo casero que me sienta estupendamente. Al fin y al cabo estoy solo en el Hostel y tengo en una habitación de 8 personas para mi solo.

6 de Agosto. Hoy toca llegar. Ya “solo” me quedan 1165Km y sigue lloviendo por cuarto día consecutivo, pero ya todo da igual. Creo que me estoy acostumbrando a esto. Ya no noto el frío, ni la lluvia, ni la ropa mojada, ni los huesos y músculos encartonados.

Al tomar una curva para girar un fiordo veo el sol traspasando las nubes a unos 50km de mí. Poco a poco, la lluvia para y las nubes van dejando paso al sol. Detengo la moto al pie de un fiordo, cierro los ojos y dejo que el sol me caliente la cara a través de la visera del casco.

Visito el museo y me dejo llevar por los pasos de los exploradores que como yo trataron de conquistar el polo norte. Los 5 grados de temperatura no me impiden montar la tienda por primera vez en este viaje. Me da por pensar que esa noche será la tienda más al norte de Europa.

La vuelta a casa fue más escalonada y tranquila y aunque encontré algún rato de lluvia, nada se puede comparar al sufrimiento que me llevó hasta el punto más al norte de Europa. Gracias a ese sufrimiento, detalles como un rayo de sol o una taza caliente de caldo cobraron una grandeza inimaginable.

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